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Ser mujer y deportista no tiene cabida en Arabia Saudí
Stoyan Nenov/Reuters
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Arabia Saudí permite que las mujeres compitan en los Juegos Olímpicos, pero les prohíbe practicar deporte en su país.

Cuando la atleta árabe de 19 años Sarah Attar cruzó la línea de meta de los 800 metros lisos en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, 80.000 personas se pusieron de pie para aplaudirle. La multitud no felicitaba a Attar por la victoria – había terminado más de medio minuto por detrás de sus competidoras. En su lugar, los espectadores estaban respondiendo a la presencia histórica de Attar como una de las primeras atletas en representar a Arabia Saudí en los Juegos Olímpicos.

Debido a que los Juegos Olímpicos implican competir frente a una multitud de género mixto, el país les había prohibido previamente asistir a las mujeres. Cuando a Attar y su compañera de equipo Wojdan Shaherkani les permitieron participar, el público se llenó de optimismo sobre lo que su actuación significaría para el atletismo femenino en el reino.

Este año, en los Juegos Olímpicos de Río de 2016, Arabia Saudí ha duplicado el número de atletas de sexo femenino en su lista, enviando a cuatro mujeres a Río de Janeiro. Podría parecer que Attar y Shaherkani establecieron un precedente. Sin embargo, la adición de mujeres atletas no es señal de un cambio más amplio en las estrictas regulaciones que el país les impone a las mujeres.

Ali Al-Ahmed, un experto saudí que ha publicado estudios sobre deportes de mujeres en Arabia Saudí para el Instituto del Golfo, sostiene:

“La presencia de las mujeres atletas [en los Juegos Olímpicos de 2012] empeoró las cosas, porque le permitió Arabia Saudí escapar de las críticas. Fue una hoja de parra – hicieron esto para la comunidad internacional”.

Un nuevo informe del Observatorio de Derechos Humanos (HRW por sus siglas en inglés), publicado el 4 de agosto, muestra que Arabia Saudí ha hecho algunos avances notables en el ámbito de las mujeres y la forma física, como nombrar a la princesa Reema bint Bandar Al-Saud para que encabezara un nuevo departamento femenino del ministerio de Deportes de Arabia Saudí. Pero las mujeres atletas todavía se enfrentan a la discriminación significativa.

“En 2012, cuando dos mujeres compitieron en los Juegos Olímpicos, hubo una decepción cuando ese momento no fue seguido por una reforma duradera dentro del reino” dice Minky Worden, directora de iniciativas globales para el HRW y autora del informe. “Debería haber habido un mayor impacto duradero, pero creo que había una ausencia de presión concentrada”.

Hoy en día, las mujeres que viven en Arabia Saudí no puede participar en ligas deportivas organizadas por el Estado, torneos nacionales, o incluso asistir a los partidos de su equipo nacional como espectadoras. De los 150 clubes deportivos oficiales, ninguno está abierto a las mujeres.

Mientras que los colegios masculinos tienen clases de gimnasia obligatorias, la mayoría de las escuelas femeninas no incluyen un programa de educación física. Las mujeres no pueden hacer ejercicio en gimnasios con hombres, y a las instalaciones que son sólo para mujeres se les niegan a menudo las licencias o son cerradas.

Como resultado, el reino está experimentando un vacío de atletas olímpicas de calibre. Entonces, ¿cómo han sido capaces de competir cuatro mujeres en los Juegos Olímpicos de este año?

En 2012, el Comité Olímpico Internacional (COI) le dio un ultimátum a Arabia Saudí: incluir a las mujeres en su plantilla, o ser excluido de los Juegos. En lugar de quedar descalificado de toda la competición, las autoridades saudíes comenzaron a buscar mujeres con talento. Los países normalmente dependen de las federaciones para identificar a candidatos olímpicos a través de rigurosas competiciones, pero debido a la escasez de recursos invertidos en deportes femeninos en Arabia Saudí, las autoridades saudíes se vieron obligadas a seleccionar mujeres atletas y presentarlas como invitadas, permitiendo su participación a pesar de actuar bajo las normas de clasificación olímpicas.

“Con el fin de tomar parte de forma significativa según la normativa de los Juegos Olímpicos, no debería existir un estándar para las atletas en Arabia Saudí y otro para el resto del mundo", dice Worden. "No es justo para las mujeres hacerlas competir contra atletas olímpicos que han entrenado durante toda su vida cuando no han tenido una cantidad comparable de apoyo para entrenar”.

Sin una infraestructura interna para promover a las mujeres en el deporte, los funcionarios también se vieron obligados a confiar en las atletas que eran o bien extranjeras, o habían pasado un tiempo significativo entrenando en el extranjero. Attar, por ejemplo, creció en California. Sprinter Cariman Abu Al-Jadail estudia en la Universidad de Boston, mientras que la judoka Wuyud Fahmi entrenó en Estados Unidos y la esgrimista Lubna Al-Omair en Egipto. En otras palabras, las cuatro mujeres que representan a Arabia Saudí sólo podían acumular las habilidades necesarias para participar en los Juegos Olímpicos saliendo del país por el que aparentemente compiten.

A Al-Ahmed le preocupa que estas mujeres aplaquen la opinión pública internacional, sin ser verdaderamente representativas de la difícil situación de la mayoría de las mujeres en Arabia Saudí.

“Las chicas que van a Río van a encubrir el sufrimiento de 10 millones de mujeres en su país y muchas de ellas ni siquiera se criaron allí, o se criaron en regiones occidentales”.

Es cierto que hay mujeres saudíes que potencialmente podrían competir a nivel olímpico, pero sin los recursos invertidos en las atletas de todos los niveles, su talento no puede desarrollarse. “No puedes tener deportistas de élite hasta que tengas programas deportivos establecidos para las niñas en las escuelas estatales”, señala Worden.

Un estudio de 2015 halló que las mujeres saudíes tenían el segundo nivel más alto de inactividad física de 38 países musulmanes, con el 73,1% de las mujeres saudíes siendo físicamente inactivas. El impacto de esto es evidente en el hecho de que el 70% de los adultos saudíes son obesos o tienen sobrepeso, y las mujeres los son de manera desproporcionada – los hombres representan el 26% de la población obesa, y las mujeres el 44%.

Un estudio de 2015 también descubrió que Arabia Saudí también tuvo la tasa más alta de diabetes en comparación con otros países de Oriente Medio y el Norte de África. Asimismo, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes representaron más del 50% de las muertes en Arabia Saudí en 2014.

“Esta prohibición de los deportes y un estilo de vida activo en la mujer es la más devastadora de las restricciones, ya que afecta directamente a su salud, lo cual tiene un impacto en todo lo demás – su educación, su vida familiar, y su salud mental”, dice Al-Ahmed. Él aboga por medidas radicales, como animar al COI a prohibirle a Arabia Saudí participar en los Juegos Olímpicos hasta se les conceda a las mujeres del país el mismo acceso a la participación atlética.

Tanto Worden como Al-Ahmed creen que el gobierno saudí debería desempeñar un papel más importante en la vanguardia del cambio. “Cuando el gobierno quiere hacer algo, puede hacer que suceda”, dice Al-Ahmed.

Algunas de estas medidas podrían incluir la promoción del atletismo femenino a través de la introducción de programas de educación física en las escuelas de niñas, estableciendo federaciones deportivas para las mujeres, y asegurando que las mujeres tengan acceso a los gimnasios y espacios para hacer ejercicio. Worden hace referencia a Qatar como un ejemplo de un gobierno con políticas previamente discriminatorias que ahora está haciendo un esfuerzo por apoyar a sus atletas. En 2001, el país estableció un Comité de Deportes Femeninos que ha incorporado un programa de deportes en las escuelas y ha celebrado eventos deportivos internacionales para las mujeres.

La presión de la comunidad internacional también puede desempeñar un papel importante, sobre todo una vez terminen los Juegos Olímpicos, y el centro de atención deje de estar en el reino. Worden dice:

“Los saudíes son expertos en decirle a la gente lo que quieren oír y en retrasar las reformas siempre. Los Juegos Olímpicos le conceden una oportunidad de registrarse y ver cuánto progreso se ha producido, pero el COI y la comunidad internacional tienen un papel clave no sólo en el momento de los Juegos, sino después”.

En última instancia, la respuesta a la reducción de la brecha de género en los deportes de Arabia Saudí no está enviando más atletas femeninas – está cambiando la política dentro del país. Las mujeres han dado pasos importantes para empujar los límites de la ley estatal, pero el siguiente paso es que el gobierno haga un esfuerzo concertado para cambiar.

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