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¿Va a comenzar Trump una represión contra los musulmanes?
AP Photo/Julie Jacobson
Página principal Análisis, Donald Trump

Donald Trump pretende designar para los principales cargos de su administración a opositores del Islam, una religión practicada por aproximadamente 1.600 millones de personas.

Tanto Stephen Bannon, a quien Trump dijo que convertirá en su principal estratega de la Casa Blanca, como al Teniente General Michael Flynn, a quien nombrará asesor de seguridad nacional, parecen interesados en una narración de "conflicto de civilizaciones" que demoniza al Islam.

Las implicaciones van más allá de la política exterior. Según una entrevista que el secretario del Estado de Kansas, Kris Kobach, dio la semana pasada a Reuters, ahora está asesorando al equipo de transición presidencial en la Trump Tower. En particular, Kobach dijo a Reuters que está promoviendo algo parecido a una política de la era Bush adoptada después de los ataques del 11 de septiembre de 2001: el Sistema de Registro de Entrada y Salida de Seguridad Nacional, que registraba a los musulmanes que visitaban Estados Unidos.

Kobach trabajó en ese sistema cuando estaba en el Departamento de Justicia de Bush. El programa requería el registro de los visitantes masculinos mayores de 16 años de edad, procedentes de 24 países de mayoría musulmana (incluyendo aquellos con visas de estudiantes, de trabajo o de turismo). Para atajar las críticas de que la política estaba discriminando a personas a causa de la religión, los funcionarios incluyeron a Corea del Norte como la 25ª nación en la lista. Por tanto, en lugar de ser un "registro musulmán", sobre el que los tribunales estadounidenses podrían sospechar, estaba técnicamente basado en la geografía y dirigido a los hombres de las naciones vinculadas a terroristas.

En un correo electrónico, el profesor de la Facultad de Derecho de Yale, Muneer Ahmad, dijo: "Varios tribunales confirmaron ese programa en vista de los desafíos constitucionales".

El sistema, que comenzó en 2002, fue abandonado en 2011. Un informe de 2012 realizado por un grupo de derechos civiles de la Facultad de Derecho Dickinson del Estado de Pensilvania señaló:

"A más de 80.000 hombres se les sometió al registro de llamadas telefónicas y miles fueron objeto de interrogatorios y detenciones, desperdiciando el dinero de los impuestos a través de esta respuesta contraproducente al 11 de septiembre, que no ha resultado en una única convicción relacionada con el terrorismo".

Durante su campaña, Trump propuso una base de datos de ciudadanos musulmanes de Estados Unidos. Afirmó reiteradamente, sin pruebas, que los musulmanes estadounidenses eran conscientes de la conspiración terrorista que dejó 14 muertos y 22 heridos en San Bernardino. El presidente electo afirmó:

“No están entregando a los responsables y saben quiénes son. Si nos fijamos en el ejemplo de San Bernardino, tenían bombas por todo el suelo de su apartamento. Y todo el mundo lo sabía, mucha gente lo sabía. Pero no los entregaron, no lo hicieron”.

Galería de fotos: tiroteo en San Bernardino

Mientras que las administraciones de Obama y Bush trataron de deslegitimar la islamofobia, Trump la ha avivado enérgicamente. ¿Trump y su equipo se contentarán simplemente con restablecer un programa fallido de la administración Bush? ¿O impulsarán medidas enérgicas contra los musulmanes estadounidenses además de contra los visitantes?

La violación de los derechos constitucionales de los ciudadanos musulmanes no sería fácil. David Martin, un profesor de derecho internacional de la Universidad de Virginia y ex consejero jurídico adjunto del Departamento de Seguridad Nacional, escribió:

“No veo un escenario en el que un tribunal confirme el registro impuesto a los ciudadanos estadounidenses. Y no conozco a ninguna autoridad legal para el registro selectivo de ciudadanos, a diferencia del caso de los extranjeros”.

Sin embargo, los impulsos autoritarios de Trump, incluyendo su inclinación por la propaganda destinada a aislar grupos minoritarios específicos, sugieren que la fidelidad a los derechos constitucionales no es una gran prioridad. Salvaguardar los derechos civiles no es tampoco un asunto de Kobach. Un constante y antiguo promotor de los mitos del fraude electoral, tiene un récord que incluye lo que el Kansas City Star llamó "ataques feos y sin fundamentos".

Los musulmanes estadounidenses reconocen el peligro, pero su población es pequeña (poco más de 3 millones) y su vulnerabilidad es grande. Si un candidato que ganó las elecciones a pesar de ir demasiado lejos repite ese patrón estando en el poder, los musulmanes puede que se conviertan en un primer precedente de cuánto el trumpismo soportará los hombros democráticos de la nación. Como presidente, Trump tendrá el poder de dar forma a los acontecimientos, no solo comentarlos.

Vale la pena señalar que prácticamente cualquiera puede decir que es musulmán, incluso cualquiera de los Smiths, O'Connors, Rodriguezes y Cohens que estarían horrorizados por la idea de un registro religioso. Mientras que el Islam militante es un asunto público, el Islam teológico es uno privado. No existe una burocracia oficial para determinar quién se ha convertido correctamente a la fe.

Si Trump se extralimita, se pondrá a prueba a los libertarios civiles de izquierda, derecha y centro. Si responden patrioticamente y defienden la libertad religiosa y el pluralismo estadounidense, los defensores de Trump puede que descubran más "musulmanes" en Estados Unidos de lo que su estado de frenesí más descabellado podría predecir.

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