España recupera influencia en Europa
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Mariano Rajoy quiere recuperar el tiempo perdido y demostrar a Europa que España se está recuperando.

Al parecer Mariano Rajoy cree que es el momento adecuado para que España recupere su lugar en la mesa principal de la Unión Europea, contrarrestando más de una década de pérdida de la influencia española en Bruselas justo a tiempo para las negociaciones del Brexit.

Después de una crisis económica que canceló un 10% de su producción económica y casi un año de inestabilidad política tras dos elecciones no concluyentes, España cuenta ahora con un gobierno que funciona plenamente y una de las tasas de crecimiento más fuertes de la Unión Europea. Rajoy ahora promociona a su país como un socio "fiable" para la UE, ofrece consejos sobre cómo luchar contra el populismo contribuyendo al crecimiento y defiende el papel de los "partidos moderados" en el fortalecimiento del proyecto europeo.

Constituye un revés de la fortuna para España y llega en un momento en el que los otros actores europeos importantes están descentrados, distraídos por las próximas elecciones (Alemania, Francia, Italia, Holanda), las economías inestables (Francia, Italia), las agitaciones políticas nacionales provocadas por los referendos (el Reino Unido que se prepara para su salida de la UE) o el ascenso al poder de los gobiernos anti UE y anti liberales (Polonia).

Sin embargo, España que desempeñó un papel destacado en el escenario europeo de los primeros años del siglo XXI, vuelve a otro tipo de Europa, asolada por crisis y dudas. No está claro si la estabilidad nacional y la influencia renovada podrían utilizarse para lograr a nivel europeo, más allá de hacer un gran movimiento hacia los puestos directivos en Bruselas y de fortalecer las filas de los países a favor de la Unión Europea. La nube de un impulso catalán para la independencia, a finales de este año, también podría terminar anticipadamente con un período de relativa tranquilidad nacional.

Aún por el momento, el gobierno conservador presenta a España como un sólido bastión de valores pro-europeos y políticas moderadas con las que la Unión Europea puede contar en estos tiempos de incertidumbre. Los ministros venden a España como un estudio de caso sobre cómo impulsar la economía y reinar en el extremismo en un momento de creciente populismo en todo el continente y de incertidumbre política mientras los holandeses, franceses y alemanes acuden a las urnas este año y el Reino Unido se prepara para salir de la Unión Europea.

España se encuentra casi sola en Europa al no tener fuerzas políticas anti-UE en el parlamento y Rajoy no tiene que convocar elecciones hasta 2020, aunque su partido, el Partido Popular solo tiene un tercio de los escaños en el parlamento, lo que posiblemente limite su capacidad para negociar en Bruselas. En una conferencia de prensa el 30 de diciembre, Rajoy dijo:

"Nuestra presencia internacional se vio afectada por el largo período de gobierno provisional. Ahora tenemos que ponernos al día y las circunstancias son especialmente favorables para ello".

La decisión de Rajoy en noviembre de nombrar a Alfonso Dastis como ministro de Asuntos Exteriores – como embajador de España en la Unión Europea desde 2011, Dastis había estado junto al primer ministro durante las cumbres europeas– la percibieron muchos como muestra de su afán por desempeñar un papel más importante en los asuntos europeos una vez más.

España recupera influencia en Europa
Andrea Comas/Reuters

Tras la votación del Brexit en junio, con el futuro político de Rajoy todavía incierto, el presidente español destacó por su ausencia mientras que los líderes de Alemania, Francia e Italia mantuvieron conversaciones sobre el camino a seguir.

Sin embargo, con el italiano Matteo Renzi ahora fuera de su cargo después de perder un referéndum sobre la reforma constitucional y el francés François Hollande sin buscar la reelección este año, se han reavivado las esperanzas de España de reincorporarse a las filas de las grandes potencias de la Unión Europea. El mes pasado, Dastis afirmó:

"Hemos dejado atrás un período en el que España era vista como un problema para Europa. Ahora es el proyecto de fortalecimiento europeo el que está pasando por una etapa problemática y es España la que está dispuesta a contribuir para relanzarlo".

En una entrevista con el diario El País el pasado fin de semana, el ministro de Asuntos Exteriores declaró que la Comisión Europea y el Consejo Europeo habían pedido a España desempeñar un papel más importante en los asuntos de la Unión Europea.

"Queremos que España refuerce su posición como líder en la actual redefinición de la Unión Europea", dijo Dastis a los legisladores, añadiendo que el país debería desempeñar un papel más "decisivo" y "activo" en Bruselas.

Pérdida de peso

Queda por ver lo realistas que son esas aspiraciones, pero el peso relativo de España en la Unión Europea definitivamente tiene margen de mejora.

"España tiene una oportunidad", dijo el ministro de Economía, Luis de Guindos, a los periodistas reconociendo que la crisis económica y la falta de un gobierno durante la mayor parte de 2016, significó que España "había sufrido una importante pérdida de peso en las instituciones de la Unión Europea".

El indicio más evidente de su pérdida de influencia en Bruselas es la falta de representantes españoles en puestos claves de la UE –un gran bajón para un país que tuvo tres presidentes del Parlamento Europeo entre 1989 y 2007, sin mencionar a Javier Solana en el cargo de jefe de la política exterior de la Unión Europea de 1999 a 2009 y, a Pedro Solbes y Joaquín Almunia, que ocuparon los principales puestos económicos de la Comisión de 1999 a 2014. El actual representante de España en la Comisión, Miguel Arias Cañete, es el más joven de dos comisarios que se ocupan de la cartera de energía.

Una encuesta realizada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores mostró que de los seis principales países miembros de la Unión Europea, España desempeñaba el papel más insignificante en los asuntos de la UE.

Los expertos en España tratan de responsabilizar de esta situación no solo al gobierno de Rajoy, sino también a los anteriores presidentes.

Salvador Llaudes, investigador del Instituto Elcano, un grupo de expertos, dijo que la influencia de España en Bruselas comenzó a disminuir durante el segundo mandato del conservador José María Aznar (1996-2004) cuando cambió la dirección de la política exterior y apoyó la guerra en Irak, enemistándose así con Francia Y Alemania. Según él, la situación continuó deteriorándose bajo el mandato socialista de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), con su enfoque en las Naciones Unidas y la falta de interés en forjar alianzas en el continente.

España se unió a la Unión Europea en 1986 bajo la presidencia de Felipe González, una época que se considera en general como la cúspide de la influencia española en la UE.

Carlos Westendorp, ministro de Asuntos Exteriores en esa época, explicó que esto tenía mucho que ver con la personalidad del líder socialista y su talento en las reuniones presenciales, que le permitió forjar fuertes alianzas con personas como el alemán Helmut Kohl. Según Westendorp, uno de los problemas a los que se enfrenta España para recuperar el tiempo perdido en Bruselas es la ausencia de un líder como González.

Rajoy y Zapatero han sido criticados por no hablar un buen inglés y ser incapaces de establecer relaciones con sus homólogos. Aunque esta imagen podría ser exagerada, Westendorp afirmó que "hay algo de verdad en cada caricatura".

Llaudes argumentó que, quizás lo más grave es que, tanto Zapatero como Rajoy mostraron una "falta de ambición" en Europa.

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