¿Por qué Trump podría fortalecer a la UE?
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La era de Trump no durará para siempre, pero podría afectar bastante a la relación de Estados Unidos con Europa.

Donald Trump no se anda con rodeos: Dice que no le importa si la Unión Europea se rompe, ya que es "básicamente un instrumento para Alemania" y llama "obsoleta" a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el principal acuerdo de defensa de Europa. Con estas declaraciones, el próximo presidente de Estados Unidos trazó las fuertes líneas de batalla: Él, los defensores del Brexit y otros euroescépticos por un lado y el resto de Europa por el otro.

Esa nueva división es un regalo inesperado para una facción que parecía haberse retirado después del Brexit: los federalistas europeos. Si Trump actúa según sus opiniones, Europa se enfrentará a la necesidad de desempeñar un papel geopolítico mucho más independiente. Estados Unidos será, en el mejor de los casos, un aliado circunstancial y, en el peor de los casos, un competidor. Esto hace que la idea de incrementar la unidad europea sea mucho más fácil de vender incluso a aquellos electores dentro de la Unión Europea que se han mostrado escépticos ante una mayor integración. Pocas naciones europeas son lo suficientemente grandes como para enfrentarse solos a un mundo cada vez más peligroso e impredecible.

Desde su aprobación el pasado mes de junio, el Brexit ha impulsado el sentimiento a favor de la Unión Europea en la mayoría de las grandes naciones europeas. La última encuesta del Eurobarómetro realizada por la Comisión Europea muestra que, en comparación con la primavera del año pasado, el número de ciudadanos de la UE que ven de forma positiva la vida en el bloque ha aumentado un punto porcentual hasta el 35%, mientras que la proporción de opiniones negativas cayó de un 27% a un 25%. Un porcentaje ligeramente superior de europeos -el 81% frente al 79%– ahora apoya la libertad de movimiento, un principio de la Unión Europea que irritó a la mayoría de defensores del Brexit. Una devaluación de la moneda nacional y la perspectiva de estar encerrado dentro de las fronteras de su país de origen son señuelos cuestionables.

No obstante, el Brexit no ha eliminado las fuertes afloraciones de sentimientos euroescépticos que existen en países tan diversos como Holanda e Italia. Aunque está más claro ahora que ningún país buscará una salida en el futuro inmediato, se ha asumido casi universalmente que una unión libre en la que los estados desempeñan un papel principal corresponde a Europa. La canciller alemana Angela Merkel, líder del Estado miembro más fuerte de la Unión Europea, apoya una UE liderada por naciones, no a la burocracia central de Bruselas.

Sin embargo, Trump está llevando las preocupaciones posteriores al Brexit relativamente leves a un nuevo nivel. Sigue insistiendo en que los aliados estadounidenses no están pagando lo suficiente por su seguridad, lo que obliga a Estados Unidos a asumir demasiada carga. Aumentar el gasto en defensa al 2% del producto interior bruto exigido por la OTAN no es una opción para la mayoría de los países europeos. Solo Grecia, el Reino Unido, Estonia y Polonia alcanzaron ese objetivo en 2016, aunque naciones más pequeñas lo lograrán este año. Pero no está claro si incluso el 2% es suficiente para Trump. Estados Unidos gasta casi tres veces más que todos los miembros europeos de la OTAN juntos.

¿Qué pasa si Trump quiere que los aliados europeos de Estados Unidos gasten de manera proporcional a su población o territorio? ¿Qué pasa si, en caso de una amenaza creíble, toma una decisión en el momento sobre a quién apoyar militarmente – y a quién no apoyar? Esto crea un riesgo real que no existía antes de que Trump ganara las elecciones estadounidenses.

En la mayoría de los países de la Unión Europea, una gran mayoría de los miembros del Parlamento Europeo ya apoya la integración militar de la UE, aunque los países escandinavos y Austria se oponen al establecimiento de un cuartel general militar. Es probable que el oportunismo de Trump incremente ese apoyo, especialmente en países cercanos a las fronteras rusas. Si los políticos agitan el miedo de quedar indefensos, Europa podría incluso ser capaz de resolver el principal problema con una mayor cooperación militar– una falta de financiación. Es probable que el Brexit cree un déficit de entre 5 y 17 mil millones de euros en el presupuesto de la Unión Europea (un Brexit "más duro" corresponde a un menor déficit porque aumentaría los ingresos por aranceles aduaneros), pero una estructura de seguridad para respaldar la OTAN repentinamente menos fiable será vista como algo esencial y digno para recaudar fondos adicionales.

Otra área en la que la Unión Europea podría querer trabajar de forma más unida gracias a Trump es el comercio. En los últimos meses, el libre comercio ha sido relativamente poco popular en Europa. Un acuerdo con Canadá, con muchos meses de preparación, fue casi explotado por la oposición de una legislatura regional belga. La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, un proyecto de Merkel y el presidente estadounidense Barack Obama, goza de muy poca popularidad en Alemania. Pero ahora que Trump está ofreciendo un acuerdo comercial al Reino Unido, los europeos podrían comenzar a preocuparse por la pérdida de competitividad y una política comercial más dinámica podría llegar a ser una mayor prioridad de lo que es hoy en día. Aunque Merkel sigue siendo una defensora del libre comercio, la Unión Europea en su conjunto podría llegar a ser más restrictiva cuando se trate de negociar con Estados Unidos y el Reino Unido, mientras se abre a otros países.

El tamaño de su mercado –más grande que el de Estados Unidos– convierte a la Unión Europea en una competidora económica imponente, pero una postura más competitiva requerirá un movimiento más rápido para eliminar tantas barreras internas a las empresas que no existen en Estados Unidos.

Durante la administración de Trump, los europeos también podrían necesitar acercarse más en otras áreas. Trump ha sonado abiertamente hostil a Merkel, con su "desastrosa" política de refugiados, y a Alemania – una nueva realidad para los alemanes que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se habían acostumbrado a contar generalmente con el apoyo de Estados Unidos. Las páginas web favorables a Trump señalan a Merkel por historias falsas y teorías conspiradoras. Eso podría estar bien para los votantes nacionalistas contrarios a los alemanes en toda Europa, pero Alemania es el soporte principal de la economía europea y para la mayoría de los países de la Unión Europea, una buena relación con Berlín es más importante que una con Washington. Además, Trump es muy poco popular en toda la UE, por lo que muchos europeos serán receptivos al mensaje que Merkel transmitió tras la reciente entrevista de Trump:

"Los europeos tenemos nuestro destino en nuestras propias manos".

Trump ofrece a los federalistas europeos una oportunidad de contraatacar. Uno de ellos, Antonio Tajani, un aliado del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi y del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker resultó ganador el martes en una acalorada carrera por la presidencia del Parlamento Europeo. Otros defensores de una mayor integración ahora también cobrarán aliento. Ya se han oído llamamientos a una mayor unidad y confianza en sí mismos por parte de personas como el ministro de Exteriores francés, Jean-March Ayrault, y el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel, ambos defensores de una Unión Europea más unida.

La era de Trump no durará para siempre, pero podría perjudicar bastante a la relación de Estados Unidos con Europa, la cual podría resultar beneficiosa a los europeos para estar preparados para crisis similares en el futuro.

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