Cómo Harvard ha dejado de ser un fondo de cobertura
Brian Snyder/Reuters
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El bloguero y economista Barry Ritholtz nos explica las lecciones que podemos aprender de la historia del Fondo de la Universidad de Harvard.

Después de perder 2.000 millones el año pasado mientras los mercados disfrutaban de una tendencia alcista, Harvard Management Co. anunció grandes cambios en la forma en la que supervisa la dotación universitaria más grande del mundo. La empresa ha decidido deshacerse de la mitad de sus 230 empleados y entregar a una gestora externa la mayor parte de su dinero. Los alumnos y otras personas interesadas van a encontrarse con una dotación mucho más simple y más barata en un futuro próximo.

Vamos a hablar sobre qué supone este cambio, pero primero, vamos a recordar brevemente la historia reciente de Harvard Management Co (HMC). Bajo la dirección de Jack Meyer, gestor de la dotación entre 1990 y 2005, los rendimientos fueron increíbles. Entonces el presidente de Harvard, Lawrence Summers, empezó a involucrase en la gestión, ignorando las advertencias de Meyer de que la universidad estaba "manejando mal sus fondos operativos básicos" e invirtiendo demasiado en acciones de riesgo, bonos e inversiones alternativas.

En un ejemplo de arrogancia y corrección política, Amy Meyers y su equipo se vieron obligados a abandonar la dirección. Tal y como Ben Carlson observó: "Desde entonces, las cosas han ido empeorando lentamente".

Desde 2005, la caída ha sido impresionante. En ese sentido hay algunas cosas que vale la pena destacar.

1. Cuando un administrador de dinero está haciendo las cosas bien, es mejor dejarlo solo.

Bajo la dirección de Meyer, HMC había conseguido una proeza. Intervenir y cambiar las cosas simplemente no tiene sentido. Harvard se dio cuenta de la peor manera posible.

2. Las inversiones más simples y baratas son mejores que las complicadas y caras.

Grandes inversores como Charles Ellis, Jack Bogle y Burton Malkiel han defendido que cuanto más simple y barata sea una cartera, mejor será su rendimiento a largo plazo. Esto es cierto incluso para una dotación de 37.000 millones de dólares como la de Harvard.

3. Opinar sobre cosas de las que no tienes ni idea sale caro.

Las opiniones de las personas ajenas que piensan que saben más cosas es un ejemplo perfecto de esto. Los profesores de Harvard y sus alumnos que creen saber más sobre los misterios de las inversiones que los propios profesionales suelen acabar mal. Este artículo del The New York Times de 2004 que hablaba sobre cómo el sueldo de Jack Meyer superaba al del jefe de inversiones de Yale, David Swensen, resume las quejas y la ingenuidad de los críticos. Lo que consiguieron los críticos fue ahorrar millones de dólares en compensación por la gestión y dejar miles de millones de dólares en rendimientos. Se trata de una operación poco inteligente.

4. Las inversiones alternativas costosas y de bajo rendimiento están de moda.

Esto es parte de una tendencia más amplia vista por primera vez en 2014, cuando el gigantesco fondo de pensiones del Sistema de Jubilación de Empleados Públicos de California (CalPERS, por sus siglas en inglés) dijo que iba a retirar sus inversiones en fondos de cobertura, y reducir otras inversiones consideradas alternativas. Pero los fondos de pensiones y las dotaciones cambian lentamente; Harvard ha tenido seis gestores de dotación diferentes antes de llegar a la misma conclusión que el CalPERS. Es probable que otros fondos de pensiones y dotaciones sigan su ejemplo. Además, este proceso puede afectar a la demanda de fondos de capital de riesgo y empresas privadas.

5. No hay que imitar.

La larga rivalidad entre Harvard y Yale debe limitarse a sus respectivos equipos de fútbol y de debate. Esta rivalidad no debe extenderse a sus dotaciones. La dotación de Harvard no debe seguir el modelo de Yale, ni intentar recrear el modelo de Jack Meyer. Todo equipo necesita encontrar su propio camino. Parece que el nuevo jefe de la universidad, N.P. Narvekar, quien antes dirigía la dotación de la Universidad de Columbia, lo entiende. Tiene mucho más en común con el CalPERS que con Yale.

6. Tiene que entender su horizonte temporal

Harvard fue fundada en 1636. A diferencia de los mortales, su horizonte temporal es infinito. Al contrario de lo que sucede con alguien que se encuentra cerca de la edad de jubilación, no hay necesidad de cubrir los rendimientos. Por lo tanto, un enfoque simple y de bajo coste a largo plazo, para gestionar los activos es el único capaz de lograr los objetivos deseados.

Hay un viejo chiste que describe a Harvard como un fondo de cobertura de 37.000 millones de dólares con una universidad adjunta. A partir de hoy, ese chiste ya no sirve.

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