Estas predicciones del siglo XXI se están haciendo realidad
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Se están cumpliendo algunas predicciones hechas en 2009 que daban miedo.

Cuando George Friedman, fundador de la firma de inteligencia geopolítica Stratfor, publicó un libro de predicciones para el siglo 21 en el año 2009, muchas de sus predicciones parecían de broma. Ya no. Independientemente de si Friedman consiguió que sus predicciones fueran correctas, la geopolítica ya pasada de moda está reapareciendo en los mismos países que él mencionó como actores clave para su visión del futuro.

El pensamiento de Friedman sobre la geopolítica puede ser difícil de encajar en nuestro mundo cotidiano. Como editor de la traducción al ruso de «Los próximos 100 años», no pude evitar reírme cuando leí una frase del tipo «la única ventaja física que Rusia puede tener es la profundidad», o «las bases lunares secretas representarán las joyas de la corona de los militares japoneses». Era difícil imaginar una guerra mundial de mediados de siglo entre dos bloques, uno dominado por EE. UU. y Polonia, y otro por Turquía y Japón. En 2009, el tema de una guerra mundial, no importa entre qué coaliciones, parecía formar parte de novelas distópicas o sitios web de teorías de conspiración.

Ya no me estoy riendo. Las guerras y los conflictos políticos nacen de las visiones del mundo de los líderes. Si los principales políticos ven los intereses de sus países en términos de control territorial y expansión y de ejercer influencia a través de la fuerza militar – algo típico de la geopolítica - estos van a volver a recurrir a los medios tradicionales de proteger y promover esos intereses, incluida la guerra.

Los artículos sobre «La geopolítica ha vuelto» proliferaron el año pasado después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, anexionara Crimea. Hicieron hincapié en que Occidente nunca debería haber asumido la aquiescencia de Rusia en su derrota de la Guerra Fría. Sin embargo, Friedman, ya había dicho las mismas cosas cinco años antes, cuando Putin no era ni siquiera presidente y EE. UU. estaba intentando «reiniciar» sus relaciones con Rusia. En el libro de 2009, el fundador de Stratfor escribió:

«Teniendo en cuenta el simple hecho de que Rusia no se desintegró, la cuestión geopolítica de Rusia resurgirá. Dado el hecho de que Rusia está ahora recuperando fuerza, esa cuestión no tardará en llegar. El conflicto no será una repetición de la Guerra Fría, al igual que la Primera Guerra Mundial no fue una repetición de las guerras napoleónicas. Pero será una reafirmación de la pregunta fundamental: Si Rusia es un estado-nación unido, ¿dónde están sus fronteras y cómo será la relación entre Rusia y sus vecinos? Esa pregunta representará la siguiente gran etapa en la historia del mundo en 2020, y en los años previos».

Friedman tenía razón en eso, aunque no pudo predecir el conflicto de forma específica: una guerra híbrida entre Rusia y Ucrania. La razón por la que estaba en lo cierto es que Putin piensa claramente en las mismas categorías que Friedman. Para el líder de Rusia, la creación de barreras territoriales contra un Occidente hostil y hacer que su país sea menos vulnerable a la invasión son objetivos concretos, no anticuados constructos teóricos.

Parece que Friedman también identificó correctamente a otros países en los que este tipo de pensamiento podría estar en auge hacia el año 2020. Entre ellos, Turquía, Polonia y Japón son los más importantes.

Friedman describió a Turquía como «una plataforma estable en medio del caos» en Oriente Medio y el poder dominante emergente en la región. Ahora no está sucediendo exactamente lo mismo - Turquía no es particularmente estable, a pesar de los esfuerzos del presidente Recep Tayyip Erdogan en consolidar el poder; su dominio frente a otras potencias regionales, como Arabia Saudí e Irán, no es obvia. Sin embargo, una vez más se trata de cómo los líderes de Turquía parecen enmarcar sus objetivos. La retórica de Erdogan es la de la venganza y la resurrección, con el objetivo de convertir a su país en la primera potencia del mundo musulmán sunita. El primer ministro Ahmet Davutoglu ha expresado estos objetivos en varias ocasiones. Este dijo:

«Desde 2011 hasta 2023 nos encontraremos de nuevo con nuestros hermanos en todas las tierras que perdimos entre 1911 y 1923 y todas las tierras de las que nos retiramos».

Friedman afirma que Polonia es un nuevo poder dinámico que se convertirá en el centro de un bloque de Europa del Este, desafiando el dominio de potencias europeas occidentales decadentes. Esto sonaba incongruente en 2009: Polonia bajo el entonces primer ministro, Donald Tusk, era miembro de la Unión Europea, y estaba construyendo una fuerte relación con Alemania con la esperanza de un mayor papel en las instituciones de la UE.

Tusk es ahora presidente del Consejo Europeo. Pero el partido de derechas Ley y Justicia acaba de conseguir el poder en Polonia, y este ve los intereses del país de forma diferente. Jaroslav Kaczynski y sus aliados son euroescépticos que creen en una fuerte alianza militar con EE. UU., en bases militares estadounidenses en Europa del Este y en un resurgimiento nacional polaco.

Polonia se está convirtiendo en un líder en la unidad de Europa del Este para rechazar a los refugiados sirios, a los que Alemania ha acogido. El programa del partido en el poder dice:

«La geopolítica se ha convertido en el patrón dominante de las relaciones internacionales en el siglo XXI. Después de un período de esperanza de un orden mundial basado en la visión liberal de un fin de la historia y la globalización, que convertiría al mundo en algo sin interés, vemos un retorno de la rivalidad de las esferas de influencia, una jerarquía de estados, la divulgación de las ambiciones imperiales y el uso de las herramientas clásicas de poder para ejercer presión sobre los países más débiles».

En definitiva, Ley y Justicia quiere dirigir Polonia en un mundo de geopolítica.

Para Friedman, Japón es un país con un papel geopolítico más débil que el que su gran economía podría haberle permitido ejercer. Este escribe:

«Con una historia de militarismo, Japón no seguirá siendo el poder pacifista marginal que siempre ha sido».

Y de hecho, el primer ministro, Shinzo Abe, tiene la intención de ampliar la influencia mundial de Japón y diluir el pacifismo de la Constitución japonesa. Por ejemplo, Abe ha logrado hacer posible que las tropas japonesas puedan luchar en el extranjero por primera vez desde 1945. Este tipo de cambio era difícil de predecir en 2009».

La visión de Friedman de lo que viene a continuación incluye la desintegración de Rusia alrededor de 2020, un avance de Turquía en el Cáucaso y otro de Polonia en la esfera de influencia en Occidente (presumiblemente Ucrania y Bielorrusia) de Rusia. En este relato, EE. UU. respalda a las grandes potencias emergentes porque son aliados de Estados Unidos y Rusia es un adversario, pero luego la propia Turquía se alía con Japón contra EE. UU. Friedman es el primero en admitir que es difícil hacer predicciones con décadas de antelación. Aun así, es probable que sea necesario aceptar que si los líderes de Rusia, Turquía, Polonia y Japón se unen a la visión del mundo geopolítico – algo que parece que todos ellos están haciendo – las predicciones de Friedman son posibles.

En un mundo de geopolítica, se está haciendo cada vez más difícil para cualquier persona perseguir políticas basadas en valores. En una columna reciente, el exministro de Exteriores alemán Joschka Fischer advirtió a sus conciudadanos europeos acerca sobre esto:

«Es hora de que los europeos acaben con su ilusión de un orden continental determinado por el estado de derecho. El mundo, por desgracia, no es así. Es mucho más difícil, y el poder manda».

Cuantos más líderes presten atención a estas advertencias y crucen la línea tal y como Friedman describe, el mundo se convertirá en un lugar más difícil, más descontrolado y menos seguro. Friedman no tiene en cuenta a la vieja Europa en su cálculo, pero por ahora, es un importante bastión de formulación de políticas no geopolíticas y negociación en lugar de un pensamiento militarizado.

Eso no es un equipaje obsoleto que deba ser abandonado; sino una versión diferente del futuro que los europeos y los responsables políticos de todo el mundo, deben valorar y defender.

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