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El experimento relativo a la renta básica de Finlandia es demasiado débil
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Bershidsky, columnista de Bloomberg, habla de cómo los gobiernos deberían estudiar de forma más enérgica las posibilidades asociadas a una renta básica.

La introducción de una renta básica incondicional y universal por parte de Finlandia ha entrado en una etapa decisiva: se ha presentado a debate público un proyecto de ley para un programa piloto, que se extenderá hasta el 9 de septiembre. Está claro que lo que el país nórdico quiere probar no es ni demasiado ambicioso ni particularmente útil.

Pagarles a todos los ciudadanos de un país la misma cantidad de dinero en lugar de la mayoría o todos los beneficios sociales es una idea tentadora. A los izquierdistas les gusta ya que, en teoría, elimina la pobreza extrema. Los utopistas tecnológicos ven esto como una solución para el reemplazo de los humanos por parte de las máquinas. Los intelectuales aprecian el apoyo estatal hacia los intentos creativos con un claro potencial comercial. Los liberales ven una oportunidad de reducir el tamaño del gobierno: el enorme aparato de servicios sociales podría ser eliminado y la legislación enormemente simplificada.

Sin embargo, los experimentos científicos han estado demasiado fragmentados y se han hecho a una escala pequeña, así que es difícil para la mayoría de la gente imaginar cómo funcionaría una renta básica.

La primera objeción es que sería imposiblemente caro. Es por eso que un reciente referéndum suizo sobre este tema fracasó estrepitosamente. Los activistas que organizaron el voto propusieron un pago mensual de 2.500 francos (aproximadamente la misma cantidad en dólares) para todos los ciudadanos, una suma considerable de dinero que habría requerido una remodelación completa del sistema de finanzas públicas y grandes aumentos en los impuestos.

El enfoque de Finlandia es mucho mejor. A los finlandeses les gustan los gobiernos experimentales, un concepto promovido enérgicamente por Demos Helsinki, un grupo de reflexión local. La experimentación no acaba con una idea de la forma en que los hizo el apresurado referéndum en Suiza, ya que si los resultados no son concluyentes o atractivos, siempre puede haber otra oportunidad con un diseño diferente. Es una forma no problemática y barata de introducir nuevas ideas, y permitir que la sociedad se acostumbre a ellas.

El gobierno finlandés aparentemente ha decidido no esperar el informe final (que está previsto para el 15 de noviembre) del consorcio de investigación que se encargó de desarrollar el experimento de renta básica. El informe preliminar, publicado en marzo, sugirió una renta básica parcial que no sustituiría todos los beneficios sociales existentes, o estaría vinculada al nivel mínimo actual de ayuda social. Así que eso es lo que se ha trazado en el proyecto propuesto.

Un grupo de 2.000 destinatarios con subsidios de desempleo será seleccionado al azar. Se les pagará 560 euros (623 $) al mes, y tendrán acceso a las prestaciones en especie a las que tienen derecho. El experimento será obligatorio: si has sido seleccionado, obtendrás el dinero tanto si lo deseas como si no. Desde hace dos años, las decisiones de vida y los resultados del grupo se compararán con las experiencias de otros 2.000 parados seleccionados al azar, a los que se aplicarán las normas actuales.

Las encuestas muestran que a los finlandeses – el 69% de los cuales apoyan la idea de una renta básica – les gustaría que se fijara la cantidad en unos 1.000 euros al mes. En términos de coste de vida, esto tiene cierto sentido. Es difícil alquilar un apartamento de una habitación en Finlandia por menos de 500 euros al mes, y el coste medio de vida para un estudiante es de 700 a 900 euros al mes. Sobrevivir con 560 euros sería difícil, y si el experimento pretende averiguar si la gente a la que se le asigna esta renta incondicional querría buscar trabajo de todas maneras, se puede predecir con seguridad que la respuesta será positiva.

Sería mucho más interesante ver si la gente todavía buscaría empleo si tuviera suficiente dinero para satisfacer sus necesidades básicas. Si ese fuera el caso, los gobiernos se verían animados a probar lo que los ciudadanos quieren realmente de ellos – proporcionar un medio de vida, para todo el mundo y aliviar el miedo a la pobreza como desencadenante de malas decisiones.

El experimento, tal como se describió la semana pasada, prueba un paliativo. Se necesitarán más pruebas para ver si algunos beneficios en especie – atención infantil y sanitaria y los relacionados con la educación – pueden ser también reemplazados por una renta básica. El diseño del experimental actual no va a responder a esa pregunta.

No obstante, es fácil ver por qué el gobierno finlandés optaría por la opción “ingresos universales descafeinados”. El gobierno gasta alrededor de 10,5 mil millones de euros cada trimestre en los beneficios sociales pagados en efectivo en lugar de en especie. Si cada uno de los 5,5 millones de finlandeses recibiera 560 euros al mes, el gobierno gastaría alrededor de 9,2 mil millones de euros cada trimestre. Eso no sería un coste prohibitivo: Finlandia ni siquiera tendría que aumentar los impuestos si quisiera abolir todas las prestaciones en efectivo en favor de la renta básica.

Es una lástima que el gobierno finlandés quiera pasar años probando una versión diluida de la renta básica. Eso deja sólo un ambicioso experimento viable, patrocinado por el gobierno con parámetros conocidos – el previst0 para que comience a principios del próximo año en la ciudad holandesa de Utrecht, en que los destinatarios recibirán 972 euros al mes – lo suficiente para vivir. El experimento también probará si una pequeña bonificación de 125 euros persuadirá a los destinatarios a hacer trabajo voluntario.

La provincia canadiense de Ontario también ha anunciado su intención de probar una renta básica con carácter universal a finales de este año, pero todavía no ha elaborado un diseño para el experimento. Los rumores de un programa similar en Nueva Zelanda sólo han sido provisionales.

Los gobiernos tienen que ser menos tímidos a la hora de darle una oportunidad a la renta básica: cuantos más países, ciudades y provincias realicen sus propias pruebas en condiciones diferentes, más material habrá para desarrollar las mejores soluciones.

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